La ley que protege los intereses económicos de unos pocos magnates

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Date(s) - diciembre 4, 2021
12:00 am

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La nueva Ley General de Telecomunicaciones está pensada para dar más libertad de maniobra a las empresas de telecomunicación y, de paso, unos beneficios con cifras astronómicas. Estudios recientes determinan que cerca de un 10% de la población son electrohipersensibles, cifras en alarmante aumento. Pero frente a ello ya existe un antídoto: no efectuar diagnósticos de las mismas, negarlas.

Ya está aquí la nueva Ley General de Telecomunicaciones

La nueva Ley General de Telecomunicaciones incluye medidas para impulsar la instalación de infraestructuras comunes de telecomunicaciones en el interior de los edificios (ICT), la coordinación de las obras civiles para posibilitar el despliegue de redes de muy alta capacidad, así como la reducción de trámites administrativos para la instalación de estaciones base de telefonía móvil (small cells).

Supone una flexibilización de la regulación y disminución de las cargas administrativas a las compañías tecnológicas, traduciéndose en falta de información  sobre las ubicaciones y emisiones de las antenas de telefonía, tal y como señala la Plataforma Ciudadana Stop 5G España. Alertan, igualmente, de la falta de estudios de impacto sobre la salud y medio ambiente; justamente cuando el Gobierno de España acaba de aprobar el PESMA (Plan Estratégico de Salud y Medio Ambiente), sin contar con la voz de las asociaciones de pacientes afectados por enfermedades ambientales.

Ecologistas en Acción insiste también en que el despliegue de la tecnología 5G se está haciendo sin evaluar sus posibles efectos sanitarios y ambientales, a pesar de los contundentes y numerosos llamamientos científicos a aplicar el principio de precaución, tal y como exige la Ley de Salud Pública, y sin que se haya puesto en marcha el Comité de Radiofrecuencias y Salud, recogido en la Ley de Telecomunicaciones.

Nuestra visión como afectados de enfermedades ambientales

Conforme avanza el siglo XXI la pérdida de derechos sociales aumenta paulatinamente en el occidente europeo. A los distintos gobiernos no parecen importarles las calamidades que viven los ciudadanos y solo se preocupan de legislar para proteger los intereses de las grandes multinacionales y afianzar un poco más la sociedad del consumo. Por el camino se van tomando medidas educativas para que las nuevas generaciones sean cada vez menos críticas y más dependientes del mercado del usar y tirar: se adoctrina hacia el aborregamiento con unos intereses bien definidos.

Mientras a muchos políticos se les llena la boca al hablar de la Agenda 2030 y de todas las bondades que este proyecto de lucha contra la contaminación y contra la destrucción de la vida en el planeta, se legisla para asegurar la impunidad de las empresas de telecomunicaciones y para obviar el principio de precaución, que una vez más, tal como ya nos tienen acostumbrados, no es tenido en cuenta. ¿Cuántos cientos de miles o incluso millones más de personas electrosensibles tienen que aparecer más para que se decida defender la vida humana frente al enriquecimiento de unos cuantos magnates?

Esta hipocresía no es nueva. Se están aprobando planes estratégicos de lucha contra la contaminación en los que tan siquiera se citan las enfermedades ambientales. Y por supuesto, en la absoluta permisibilidad de la tecnología 5G, no se ha tenido en cuenta el nivel de radiación a la que se va a someter a los seres vivos. Estudios recientes determinan que cerca de un 10% de los estadounidenses son electrohipersensibles en algún grado, mientras que en Europa no existen registros, pero en los países en los que se han hecho estudios las cifras son muy similares.

Hasta el día 16 de diciembre se admiten enmiendas al proyecto de ley. Pero, sin duda, la ley saldrá adelante, las ondas electromagnéticas seguirán multiplicándose a ritmos vertiginosos para los que no está preparada la vida en el planeta. Y las enfermedades ambientales aumentarán al mismo ritmo. Pero frente a ello ya existe un antídoto: no efectuar diagnósticos de las mismas, negarlas.

En plena pandemia mundial el ser humano no parece aprender de las advertencias que le lanza el planeta y sigue tan osado. Caro le sale a las arcas de los ministerios de sanidad y asuntos sociales el proteger los intereses de las grandes multinacionales tecnológicas, pero en ello estamos.

Asociación SQM-EHS Galicia

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