La mujer y el medio hostil que la rodea

La primera vez que desde la Asociación SQM-EHS Galicia utilizamos las plataformas digitales para reflexionar sobre el significado del 8 de marzo para el colectivo de afectadas y afectados de Sensibilidad Química Múltiple, Electrohipersensibilidad, Encefalomielitis Miálgica/Síndrome de Fatiga Crónica, Fibromialgia y Lyme persistente recibimos varios insultos y acusaciones.

Por supuesto que lejos de amedrentarnos, aquel hecho nos concienció de la necesidad de emplear la palabra para sensibilizar, para informar de la situación de desigualdad que sufren las mujeres por el hecho de padecer una enfermedad.

Por aquel entonces referíamos que un colectivo importante de mujeres en España (se estima que entre 700000 y 3000000) padecen una de las enfermedades de las llamadas “de mujeres” por su mayor prevalencia femenina. Así, por ejemplo, si hablamos de Sensibilidad Química Múltiple 8 de cada 9 afectadas son mujeres.

Históricamente se le ha exigido a la mujer que sea madre, esposa, trabajadora… y que reúna unas expectativas sociales esperadas: callada, sumisa… que cumpla con lo exigido y que no reclame ningún espacio diferencial, ni siquiera en salud, donde los estudios e investigaciones se han hecho a medida para los varones.

En los últimos años se han elaborado algunas leyes para “proteger” a las mujeres, de las que hasta el momento no hemos visto muchos frutos. Porque una cosa es legislar y crear leyes para tratar determinadas situaciones de desigualdad (salarios) o de violencia (violencia de género); y otra bien diferente es crear programas de educación, sensibilización y dotarlos de fondos para poder conseguir los resultados esperados.

LEGISLAR Y NO FORMAR ES UNA FALACIA

Si tomamos como referencia otra vez la Sensibilidad Química Múltiple y analizamos lo que ocurre a nuestro alrededor observamos:

  • Que los pacientes afectados son mayoritariamente mujeres.
  • Que es una enfermedad que no se estudia en las facultades de Medicina.
  • Que un número importante de facultativos la desconocen, y lo que es peor, desconocen cómo llevar a cabo de forma eficiente un protocolo para enfermos de Sensibilidad Química Múltiple.
  • Que no se asignan presupuestos públicos para profundizar en su estudio.
  • Que un porcentaje importante de afectadas por la misma tendrán problemas para que se les expida una baja médica por esta causa y por supuesto que se les conceda en vía administrativa una incapacidad laboral permanente. De hecho, cuatro de cada diez habrán de llegar a los tribunales para que se les reconozca esta situación de incapacidad.
  • Que pese a que la SQM es una enfermedad orgánica, a menudo es tildada de enfermedad psiquiátrica.

Ante esta situación, no nos cabe más que preguntarnos: ¿Esto acontecería así si en vez de ser mujeres las mayoritariamente afectadas, fueran hombres? La respuesta ya la tenemos: rotundamente, no. La historia nos ha ido demostrando que las enfermedades de mayor prevalencia masculina se estudian y se les asignan presupuestos para avanzar en su investigación.

Y ya si nos referimos a la forma de tratar una enfermedad, la medicación y el estudio que se le hace al paciente es completamente diferente si la sufre un hombre a si la sufre una mujer. Las siguientes palabras de Carme Valls son ilustradoras de lo que estamos diciendo:

El 85% de los psicofármacos se administran a mujeres mientras que a los hombres solo el 15%. Esta abrumadora desigualdad revela una profunda desigualdad de género. Por una parte, contribuye a la falta de diagnóstico de los problemas reales que padecen las mujeres. Por otra, la continua sedación y psiquiátrización de las mujeres hace que pierdan recursos para conseguir una mejor autonomía personal que les permita orientar sus vidas y sus mentes (Valls, C. 2020: 40-41).

EL MALTRATO INSTITUCIONAL

Hace también años nos referimos a la situación de invisibilizar los problemas de la mujer y a invisibilizar la existencia de enfermedades diferenciales como “maltrato institucional”. En aquel inicio sonó extraño, tuvimos que explicar que la falta de comprensión de las familias sobre la afección que padecían muchas mujeres, era debida a la falta de apoyo por parte de la clase médica, a la falta de conocimientos y de la carencia de una asignación presupuestaria para la creación de grupos de investigación. Aunque la situación en los últimos años ha mudado algo, al empezar a contar con algunos médicos apoyando la causa; esta todavía dista mucho de tener un tratamiento, cuando menos, digno.

En la sociedad del siglo XXI tiene lugar un culto hedonista en el que se potencia el consumo incontrolado, la estética con la imposición de cuerpos “ideales” (jóvenes, esbeltos…), etc. Y en este culto ha quedado relegada la salud de la mujer, una vez más.

El organismo de una mujer y el de un hombre son distintos no solo en cuanto a la distinción sexual. Sin embargo, todavía en el siglo XXI se siguen realizando estudios médicos solamente tomando como base de los ensayos al varón.

Hasta la fecha no se ha tomado en serio el cuerpo diferencial de la mujer, el ciclo menstrual, etc.

¿CÓMO SE PUEDE TILDAR DE AVANZADA UNA SOCIEDAD QUE OBVIA LOS PROBLEMAS DE MITAD DE SU POBLACIÓN?

Se ha estudiado que ante idénticos síntomas la mujer y el hombre son tratados de forma diferente en la consulta, y que la mayoría de las enfermedades orgánicas padecidas por las hembras son tildadas como “enfermedad de mujeres” y a menudo clasificadas como desórdenes psiquiátricos.

Ante la perspectiva poco alentadora fomentada o cuando menos permitida por las leyes, la falta de investigación, la falta de diagnósticos, la falta de conocimiento sobre sus dolencias y, por tanto, la falta de apoyo; la mujer se ve relegada a situaciones de marginación, invisibilidad y desprecio.

Los estudios sociales realizados con mujeres afectadas por enfermedades de prevalencia mayoritaria femenina demuestran que un porcentaje amplio de las mismas no cuenta con el apoyo de sus familias ni círculo más próximo.

¿Cómo van a entender las familias una situación en la que la paciente se queja sin que el médico haya hecho previamente un diagnóstico?

En fin, para las mujeres como colectivo, y para el conjunto de enfermas ambientales el 8 de marzo no es una jornada festiva plena, más bien es un día de reivindicación contra los eslabones de esa cadena que nos oprime, que nos coarta y que no nos deja ser nosotras mismas.

Terminamos este texto con una afirmación de Carme Valls, sin duda, tan real y tan cruel:

No pueden ser autónomas porque son dependientes de la opinión, de la mirada, del afecto de los demás (Valls, C. 2020: 24)

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