MÁS DE 25000 ESPAÑOLES ABANDONADOS A SU SUERTE

Han transcurrido dos años de pandemia provocada por el SARS-Cov-2. Millones de personas en todo el mundo han pasado el Covid 19, unos con más y otros con menos suerte.

Como todo proceso ha tenido sus etapas, una primera en la que se veía a un país llamado China sufriendo una terrible enfermedad nueva, supuestamente transmitida por murciélagos. En los distintos medios de comunicación social se nos ofrecieron imágenes del mercado de Wuhan con todo lujo de animales preparados para la degustación (perros, murciélagos…) , capaces de provocar la repugnancia y el asco en el “refinado” paladar occidental.

Los recuerdos de ese momento inicial son de un acontecimiento lejano, en el que, sintiéndolo mucho por los habitantes del gran país asiático, aquello no iba con nosotros.

Si por aquel entonces la población sentíamos el virus al que comúnmente se le ha dado en llamar Bicho como algo ajeno, distante e intangible; los gobiernos no gestionaban la situación de modo diferente: así no se compraron mascarillas, no había pruebas… y un largo etc.

La preocupación empezó a llegar cuando aparecieron los primeros casos en Italia. El Bicho ya estaba afectando a la “gran Europa”. Triste pero así lo vimos muchos. ¡Cómo si el resto de la población mundial no fuese igualmente humana y digna de consideración!

Pronto se detectarían los primeros casos en España y en un esfuerzo titánico por contener el avance del virus, pese a que la evidencia demostraba lo contrario, se encerró a la población. Con el confinamiento llegaría el caos: la economía rodando por los suelos, pese a que las noticias sobre esta cuestión no aparecían en los medios de comunicación; la sanidad colapsada abandonando a su suerte a miles e incluso a millones de ciudadanos para atender solo a los afectados por el Bicho.

Decisiones erráticas y carentes del sentido común más elemental no se hicieron esperar, tales como no poder ir en el propio coche con el cónyuge con el que convives, no poder hacer ejercicio individual al aire libre… Si convives 24 horas con otra persona, no va a ayudar a contener la pandemia ni a evitar el colapso de los servicios sanitarios que viajes en un coche diferente durante 10 minutos al día. En fin… vamos a pensar que se hizo con la mejor intención y vamos a seguir exponiendo la situación para descubrir quiénes son esas 25 000 personas abandonadas a su suerte.

Fruto del encerramiento, de las pérdidas de trabajo, de la falta de apoyo psicológico y del amedrentamiento exagerado, los casos de enfermedad psicológica y psiquiátrica se multiplicaron. En este contexto la petición de una vacuna se convirtió en un clamor ciudadano y se vislumbró como la única vía de salida.

Pronto llegaría esa vacuna. En un principio se dejó creer que los vacunados ya no se contagiarían del temido Covid. Varias farmacéuticas fabricaron sus propios sueros y ¡sorpresa! Las vacunas del bloque occidental no servían para países como Rusia y viceversa. Así se impusieron restricciones de entrada en los diferentes países atendiendo al tipo de vacuna que se hubiera administrado. El mundo dividido en bloques enfrentados y la disculpa una “epidemia”. Las temidas aduanas y fronteras existentes ya en la Antigüedad se refuerzan más que nunca (¿es esto distinto de la Guerra Fría?) y a la población se nos cuenta que debemos de poseer un “pasaporte Covid”, esa es la medida que demuestra tu inocencia y que no vas a contagiar a nadie.

Entonces que alguien me explique por qué se siguen contagiando los que ya han pasado el Bicho y están vacunados.

Los distintos países arbitran diferentes medidas para obligar a su población a vacunarse, medidas más o menos drásticas, más o menos veladas. Se atenta contra las libertades fundamentales en aras a un bien común. Y …

 Una dosis no es efectiva haría falta una segunda dosis y una tercera… En fin…

Se genera una psicosis ciudadana: los no vacunados son los culpables. Ellos son unos insolidarios. Por su culpa el Bicho se sigue transmitiendo…

 Y que alguien explique ¿cómo es que se transmite igual en un círculo exclusivo y cerrado de personas vacunadas?

No estamos criticando las vacunas ni que la gente se vacune, antes bien las apoyamos decididamente; solo matizamos que la decisión de aplicarse o no un suero debiera de ser una opción libre, elegida por ciudadanos formados, críticos y libres. Como Asociación que somos siempre debemos abogar por la neutralidad y por la defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos y por el bien común, pero siempre y cuando este no suponga la conculcación de los derechos individuales, más o menos velada.

Nuestra libertad acaba donde empieza la de los demás.

En este afán por erradicar la pandemia con medidas sonoras y grandilocuentes, se han olvidado que entre el blanco y el negro existen los demás colores.

Hay ciertos grupos de pacientes que no se han tenido en cuenta. Simplemente es como si no existiesen. Bueno, tal vez, no se está haciendo nada diferente en la pandemia a lo que se venía haciendo antes de la misma. Nos estamos refiriendo al colectivo de enfermos afectados por Sensibilidad Química Múltiple.

Desde la Asociación SQM-EHS Galicia hemos dirigido nuestras reclamaciones ante varias consejerías autonómicas solicitando información sobre qué debíamos hacer los enfermos de SQM, sobre cuál era el suero más adecuado y con menos efectos nocivos para nosotros, si era aconsejable que nos vacunásemos o no … y hasta el día de hoy hemos recibido el silencio administrativo por respuesta.

También hemos asesorado a distintos pacientes afectados por Sensibilidad Química Múltiple a que a nivel individual pidiesen información, solicitasen datos, preguntasen si se había hecho algún estudio para saber los efectos en este tipo de pacientes.

Hasta el día de hoy no conocemos que se haya hecho ningún tipo de estudio al respecto o de los mismos no se nos ha informado.

Como no se nos ha siquiera respondido hemos elevado nuestras quejas (Timiraos, B.  Estévez…) y nuestro malestar con publicaciones en distintos medios de comunicación.

Mientras tanto en algunos casos se han implicado nuestros médicos de familia y nuestros especialistas, recomendando, según la historia clínica del paciente, la vacunación o no.

Y aquellos que no nos hemos podido vacunar porque así nos lo han recomendado nuestros doctores tenemos que apechugar el ser tratados como apestados. Nunca mejor dicho: apestados. Algunos de nosotros hemos sido más privilegiados y los médicos que nos tratan han  procedido a emitir un certificado en el que se dice que en nuestro caso no se recomienda la vacunación.

En fin…

25 000 pacientes sin respuesta en España y abandonados a su suerte deberían causar el sonrojo de nuestros políticos (gobierno, oposición y partidos minoritarios) y deberían hacer pensar en replantearse las políticas sanitarias.

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